domingo, 14 de agosto de 2016

En la biblioteca de Ilduara

Otro libro cuyo título se recoge en la donación fundacional del monasterio de Celanova, realizada por Ilduara y su hijo San Rosendo en el año 942, es el "Ebtamaron Geronticon".

Sin duda, se trata del Epitameron o Eptameron de Valerio del Bierzo, que contiene las Vitae Patrum (Geronticon), una de cuyas copias manuscritas se conserva en la Biblioteca Nacional (MS 10007).


En el Eptameron de San Valerio figura la famosa epístola sobre la beatísima Egeria en la que se resume su viaje por Tierra Santa. Gracias a esta epístola se pudo atribuir la autoría de la Peregrinatio a la monja galaica, así como establecer su patria en Gallaecia.

Resulta muy interesante que en la biblioteca de Ilduara estuviesen juntos el Eptameron de San Valerio, con la epístola sobre Egeria, y el propio Igerarium Geriae (el diario del viaje escrito por ella misma). Según Díaz y Díaz, es muy probable que San Valerio tuviese ante sí un ejemplar del diario del viaje de Egeria cuando escribía su epístola, y aquí, en Celanova, aparecen ambos; nada menos que los dos textos sobre el viaje de Egeria, no uno solo, como se viene creyendo, se encontraban en la biblioteca de Ilduara.

El vínculo de San Valerio con la comunidad monacal del Bierzo, así como la donación de posesiones en  "Bergidum" por parte de Ilduara, que figura en la misma relación, me lleva a suponer que al menos estos dos ejemplares de su biblioteca procedían de alli, siendo tal vez el Eptameron el manuscrito original de San Valerio, y el Igerarium Geriae, el ejemplar que utilizó el santo para trabajar su resumen del viaje de Egeria. 

sábado, 23 de abril de 2016

El trilito del regueifeiro Pena - cementerio de San Amaro, A Coruña


En el histórico cementerio de San Amaro de A Coruña se encuentra la tumba del regueifeiro Pena, muerto en 1958. José Manuel Vázquez Varela le ha dedicado un pequeño estudio etnoarqueológico a esta peculiar inhumación cubierta por un megalito del tipo trilito, atravesado por el fuste de un cruceiro ("Etnoarqueología de la muerte. Una tumba singular del cementerio de San Amaro en La Coruña", Semata, 2005). En él se vincula la elección del motivo megalítico a la profesión de Pena, cantor del pueblo gallego, y a su ideología galleguista, en el sentido de que los monumentos funerarios megalíticos fueron considerados en esta época una expresión del celtismo, que a su vez fue y es un elemento diferenciador de la identidad gallega. Asimismo, Vázquez Varela sugiere que el monumento de Asorey a Curros Enríquez, en los Jardínes de Méndez Núñez, también con un fondo de trilitos, y anterior al de Pena, pudo haber servido de inspiración. El estudio finaliza con unas reflexiones sobre la apropiación simbólica de elementos del pasado como señas identitarias del presente.

A su interesante estudio me gustaría añadir que la inspiración para el trilito de Pena fue probablemente, el inexistente trilito de Noya que aparece en una ilustración de la obra de Barros Sivelo, Antigüedades de Galicia, del año 1875, ilustración que se repite con ligeras modificaciones en los libros de texto finiseculares de historia de España de Picatoste. Entonces la clasificación megalítica consideraba a los trilitos "erigidos para proclamar los jefes de las tribus, y dirigir arengas al pueblo" (Geografía crítica e histórica de la edad antigua y, principalmente, de España, de Gervasio Fournier, 1910). Me imagino al regueifeiro Pena siendo proclamado sobre el trilito, y dirigiendo a continuación una regueifa a su público desde este pedestal.

Trilito, de la obra de Gervasio Fournier.


martes, 19 de abril de 2016

Fraga de Novio, Noal - Porto do Son

Con este sorprendente topónimo por el que me pregunta el profesor David Pérez Iglesias, del IES de Porto do Son, cuyas instalaciones se sitúan según localización de Google Maps en plena Fraga de Novio, en lo que a simple vista me parece un precioso bosque donde pudo haber existido un castro costero, se reabre la discusión sobre la ubicación del antiguo lugar de Novium; puerto perteneciente al pueblo céltico de los ártabros mencionado hace dos milenios por el geógrafo Claudio Ptolomeo cerca del promontorio Nerio (Cabo Finisterre).

Varios autores han sugerido que el Novium galaico, procedente del celta *nowios, "nuevo", adjetivo que aparece integrando otros topónimos célticos como Novio-dunum (nueva ciudadela fortificada) en Suiza, podría haber evolucionado desde una supuesta forma en femenino, *Novia, hasta el resultado Noia. Para ello hay que suponer que el cambio de género del adjetivo se produjo al sustituirse un sustantivo masculino elidido pero sobreentendido, (castro) Novium, por otro femenino, igualmente elidido, como (villa) Noviam > Noia. Es decir, hasta ahora se reducía el Novium ptolemaico a Noia, pero el topónimo Fraga de Novio, si hubiese suficiente garantía de su antigüedad, es decir, si no se trata de un bonito nombre impuesto al centro educativo recientemente en recuerdo del Novium ptolemaico,  se lo pondría francamente difícil a los de Noia al ajustarse perfectamente al étimo y a la geografía de Ptolomeo. Incluso Noal vendría a reafirmar un estrecho vínculo afectivo con su Novio de hecho, al tratarse sin duda de un derivado de *nowios, No(v)al, esta vez con pérdida de la uve en posición intervocálica, situación que propicia, aunque no siempre, una pronunciación tan suave que el sonido termina por desaparecer.

Resulta muy interesante desde un punto de vista filológico ver la distinta evolución de la wau intervocálica en estos tres topónimos próximos, Novio, Noal y Noia. En Novio no se ha producido la esperable pérdida de la wau, *Noio, o la anteposición de la yod hacia Noivo, fenómenos cuya ausencia me obligan a sospechar que Fraga de Novio es un nombre moderno, calco del Novium mencionado por Ptolomeo. Serán los mayores del lugar los que tengan la última palabra al respecto.

Pero más interesantes aún son las sorpresas que se ocultan en insignificantes topónimos, en la microtoponimia, por lo que le quedo muy agradecida a David por su pregunta ya que me ha ayudado a reflexionar sobre esta pequeña incógnita histórica, y a sus alumnos por los magníficos vídeos de SonCine sobre etnografía y patrimonio. Una maravilla.

Aquí uno con un viejo conocido enseñando a ver la ría de Novium con otros ojos:

domingo, 10 de abril de 2016

Las redomas iraquíes de Ilduara

En el año 942 Ilduara realiza una enorme y detallada donación de bienes al monasterio de Celanova, probablemente la mayor que se haya hecho nunca en la fundación de un monasterio. Entre los bienes muebles destacan nueve redomas iraquíes (arredomas aeyraclis). Un recipiente que otras veces aparece en textos de la época como rothomas irachas, y que básicamente es lo que más tarde se conoció como pomos.

Redoma mesopotámica, abásida, c. siglo IX, tallada en cristal de roca. De la web de subastas de Christie's.

En el tesoro de Celanova, hoy custodiado en la catedral de Ourense se encuentran ocho piezas de cristal de roca que podrían haber integrado la colección de las nueve redomas iraquíes de Ilduara; faltaría una, que se habría perdido, roto, o pasado a otras manos.


Ajedrez de cristal de roca de Celanova. (C) Anxo Martínez-de Alegría.

En aquella época el juego del ajedrez era desconocido en el norte de la Península y en general en toda Europa, por lo que sus piezas de cristal de roca tallado fueron confundidas habitualmente con redomas o pomos. Estas habrían integrado el patrimonio de la noble familia de Ilduara en calidad de gemas, hasta que fueron donadas a Celanova.

Son unas piezas excepcionales, ya que solo existen otras semejantes en el Museo Diocesano de Lleida, procedentes de Áger, en Cataluña.

¿Cómo explicar la presencia de estas piezas en la dote de Ilduara? Existen, desde luego, varias posibilidades. Además de la hipótesis del saqueo de Casamar y Valdés mencionada en la bibliografía, se me ocurre otra a partir de la existencia, en la biblioteca de Ilduara, de un manuscrito probablemente ológrafo titulado Igerarium Geriae, es decir, el Igerario, de Egeria, la noble peregrina galaica que en el siglo IV viajó a Tierra Santa, hasta Mesopotamia, trayendo a su regreso el diario de su peregrinación, y tal vez estas delicadas figuritas de cristal, herencia que permaneció un tanto fragmentada en la línea familiar hasta el momento de su donación al monasterio de Celanova.

Bibliografía: "Saqueo o comercio, la difusión del arte fatimí en la Península Ibérica", de Casamar y Valdés.


Folios con la donación de Ilduara. Ms. 18387 de la Biblioteca Nacional: copia fiel de varios manuscritos de diversos monasterios, perteneció a la biblioteca de Gayangos. Letra de mediados del siglo XVIII. 

sábado, 9 de abril de 2016

Celtic knots


Capitel de Santa María del Azogue, Sanabria, con el mismo esquema de tejido entrelazado que el motivo representado en el torques de Xanceda (Castelo de San Antón).


Fondo de Vila

Fondo de Vila y sus variantes, como Fondevila y Fondo da Vila, parecen topónimos transparentes, tan transparentes que hasta se visa su contenido. Cualquiera está en disposición de explicar que son opuestos a Cima de Vila, y que respectivamente significan la parte baja y la más elevada de una villa. Y ahí quedaría el incipiente estudio, sin nada especial que añadir.

Fondo de Vila y Cima de Vila, Láncara.

Pero el estudio se quedaría cojo si no se añade que en latín fundus villae era el solar o territorio que ocupaban los edificios y terrenos de una villa, constituyendo una propiedad o heredad. Así, la mayor parte de la toponimia gallega del tipo Fondo de Vila, o incluso Fondo de Aldea, O Fondo, etc. se referían al principio al concepto romano de fundus como propiedad ligada a un solar, pasando a entenderse más tarde como si fuesen derivados de profundus, cuyo significado en cierto sentido se acerca al de fundus, pues supone la fundación de la entidad territorial en estrecho contacto con el suelo, lo inferior. En este momento de deslizamiento semántico del fundo (heredad) al fondo (situación) surgirían como topónimos complementarios algunos de los Cima de Vila yuxtapuestos a los Fondo de Vila.

viernes, 8 de abril de 2016

Túmulo en A Panda da Serra Faladora


Podría tratarse del túmulo 30 de la numeración de Maciñeira (Bares, pg. 49 y 50), que en 1900 presentaba una curiosa corona de losetas de pizarra. Ya en 1933, cuando lo volvió a ver, la corona había sido destruida por los chalgueiros, que habían dejado al descubierto parte de la cámara. De no ser el túmulo 30 con uno de los ortostatos desmontado totalmente y extraido de la cámara, con lo que se pondría de manifiesto la continua expoliación del yacimiento, podría tratarse de un nuevo túmulo no identificado por Don Federico, tal vez con un menhir o marco hincado en su frente. Se sitúa próximo a los tres túmulos de Forno dos Mouros, entre ellos y el Cristo da Faladora, pero en la parte superior o Panda da Serra y cerca del nacimiento del rego Casateites. Dicho hidrónimo podría estar motivado por la proliferación de dólmenes en ese sector de la sierra Faladora, consideradas las estructuras megalíticas como casas techadas o cubiertas con losas.