martes, 25 de julio de 2017

La barca de piedra de San Andrés de Teixido

Dudo mucho que San Andrés en su recorrido atlántico haya embarrancado en las islas Gaveiras (Gaveira de Terra e Gaveira de Fora), principalmente porque su santuario no se sitúa frente a ellas; no cumplen la condición de contigüidad al santuario, ni guardan la debida proporción con la embarcación, por lo que me parece una invención reciente la identificación de una de ellas con la barca de piedra que, según la tradición, utilizó el santo para alcanzar nuestras costas.

Hace casi 100 años un autor tan minucioso en sus descripciones como Don Federico Maciñeira, que conocía muy bien la zona, no fue capaz de situar con precisión la embarcación pétrea que la devoción popular atribuía a San Andrés, limitándose a informarnos de que, según la conseja tradicional "determinado peñasco de esta bravía ribera, es la barca que milagrosamente condujo a San Andrés a la sublime costa del Ortegal" (San Andrés de Teixido. Historia, leyendas y tradiciones).

Taboada Chivite en 1965, en su discurso de entrada en la Real Academia Galega, tampoco menciona As Gaveiras, ni islote alguno, y se limita a decir que "San Andrés de Teixido chegou en barca de pedra que se amosa naquela ribeira".

Otro autor en 1978, en un artículo publicado en la revista Cuadernos para el diálogo, nos cuenta su viaje a Teixido, donde "más abajo [de la fuente de los tres caños] da el viajero con la llamada barca do santo, roca que bate en la mar", en lo que parece una clara referencia a la bajada hacia O Peirao y tal vez a una de las rocas denominadas A dos Putos.

Fraguas Fraguas, en una comunicación de 1997 al Simposio Internacional de Antropoloxía Mariñeira, habla de que en el mar de Teixido "hai preto unha pedra que os romeiros van ver e coñecen co nome de Barco de San Andrés".

Sólo encuentro en las relativamente recientes aportaciones de Hualde Pascual ("Algunas leyendas liticas y el culto a las piedras en La Coruña", 1992) y de Alonso Romero la identificación de la barca con "una roca en Punta Gaveira, conocida precisamente con el nombre de barca de San Andrés" ("La barca de piedra de San Juan de la Misarela", CEG, V. XXXIX, 1991).

Como se ve por la seleccion de textos anterior, la ubicación y la morfología de la barca de piedra de San Andrés no son claras, y me temo que la devoción popular ha acabado, por consenso, identificándola con la isla de Gaveira de Fora.

Y sin embargo, en la bajada mencionada hacia O Peirao, más abajo de la fuente de los tres caños, y pasado el campo donde cuelgan los pañuelos en alambradas, se encuentra una piedra modesta con aspecto de pequeña embarcación volcada con la quilla hacia arriba, su superficie completamente riscada por alguna actividad antrópica, y dos ondulaciones naturales que podrían figurársenos la decoración de una proa. ¿Habremos dado con la barca del santo?


Lamentablemente no, pero nos vamos acercando y confirmando la ubicación que ofrecía en el 78 el viajero de Cuadernos para el diálogo; según me informa amablemente Juan M. Tojeiro, su padre, nacido a 4 km de San Andrés, siempre le dijo que la barca de San Andrés era una piedra pequeña en la que se ven romper las olas, nada que ver con la idea reciente de identificarla con las Gaveiras. Ahora queda claro para qué usaba el Santo la escalera cuya figura de miga de pan se vende en las tiendas de Teixido, para subir desde O Peirao donde le dejó la barca hasta el santuario. 

Meizoso

Según apunta acertadamente el profesor Porto Dapena en su Diccionario toponímico do concello e ría de Cedeira, no es posible sostener la hipótesis del profesor Abelardo Moralejo para el topónimo Meizoso (Narón y Cedeira), que lo vincula con el topónimo Mainzoso (Valdoviño), derivado de maínzo, "maíz", pues este cereal importado de América no se conocía en Europa cuando el topónimo Meizoso estaba plenamente consolidado y aparecía en la documentación medieval del monasterio de Caaveiro entre los siglos VIII y X como Meizoso o Malicioso, indistintamente. El profesor Porto Dapena localiza también un regato Maizoso, afluente del Mandeo, en Paderne.

Para este investigador los nombres de lugar Meizoso y el del regato Maizoso provendrían del adjetivo latino malitiosus, -a, -um, aplicado a terrenos "con malas herbas ou arbustos salvaxes", siendo por lo tanto un derivado de malitia > maleza.

A pesar de ésta más que probable formulación del origen de Meizoso, el hecho de que el topónimo sea también hidrónimo, y que como tal aparezca en la documentación medieval de Xunqueira de Espadanedo ("rivulum de Barreiro, ac deinde quo modo intrat in Maliciosum et postea redit ad rivulum de Candaa", año 1174) nos lleva a plantear la posibilidad de que estemos ante uno de los resultados de la frase latina "Valle Uitiosu" (= valle frondoso), que origina el topónimo portugués Vale Viçoso, pues es relativamente frecuente la transformación del sustantivo apocopado val en mal: Valtravieso / Maltravieso (Extremadura), procedentes ambos de "Valle Traversu". La evolución de Valle Uitiosu a Meizoso partiría, pues, de una tempranísima forma apocopada Val --> Mal, que permitiría, una vez neutralizada por posición la geminada -ll-, su posterior evolución siguiendo la pauta de la -l- simple en gallego, que, como es sabido, acaba por desaparecer en posición intervocálica: Valle Uitiosu > *Ma(l)uicioso > *Ma(u)icioso > Maizoso / Meizoso. En este caso, la wau en posición intervocálica también caería, como en gaiola, "jaula" < caveola, pero sin embargo se conserva en la evolución de uitiosu a vizoso, "vigoroso".

domingo, 16 de julio de 2017

Muelle

Ni Xosé Luís García Arias ni Xulio Concepción aciertan con la etimología de los topónimos asturianos Piedramuelle y Penas Molles al atribuirles su origen en el latín mollis, "blando, suave", la cual, por otra parte, es la misma que defiende la tradición para el castellano muelle, "resorte helicoidal o espiral".

Lo más probable es que estos topónimos sean el resultado de la evolución de la frase latina "petras mobiles", de frecuente aparición en los textos medievales que trataban del establecimiento de los límites territoriales, siendo estas piedras móviles las pedras abaladoiras o caballeras, que funcionan como muelles o resortes, de ahí que también propongamos, de paso, la etimología del sustantivo muelle en su acepción de "resorte" a partir del latín mobilem. Resulta bastante obvio que los muelles son muelles porque son mecanismos que producen movimiento, no porque sean blandos.


miércoles, 12 de julio de 2017

Coto do Rei - King's Quoit

Dolmen del King's Quoit, Manorbier, Gales.

Mámoa del Coto do Rei, Fene, Galicia.

Básicamente los sustantivos coto y quoit son equivalentes, como habíamos visto en la entrada Petón y Cueto / Coto. La coexistencia en la toponimia de Galicia de las formas petón y coto refuerza la tesis de la preexistencia de un sustrato celta o céltico indígena (celta P-) sobre el que se superpuso tardiamente otra lengua céltica (celta KW-). En estas fotografías se observa que el topónimo quoit / coto, que designa una elevación, se ha usado para designar en ambos casos un túmulo megalítico asociado con un enterramiento real desde el que se divisa el mar.

La fortuna que han corrido ambos enclaves es desigual, observándose en el caso gallego la desaparición total de la cámara megalítica por expolio, así como una descuidada colocación de un cartel informativo explicativo de las vistas sobre el túmulo, que todavía conserva parte de la coraza de piedra. No obstante, el paralelismo no deja de resultar sugerente.

martes, 11 de julio de 2017

A Bailadora o Abaladoira

En la ría de Ferrol existen dos lugares denominados A Bailadora, uno en Montefaro (Mugardos), y otro en Chamorro (Ferrol). En ambos existieron pedras abaladoiras, siendo evidente que las formas abaladoira y bailadora tienen la misma etimología, el latín vulgar ballare, "bailar, oscilar", de origen incierto.


Se sabe que todas estas piedras eran piedras bamboleantes, y sobre ellas se ejecutaban danzas, como se muestra en la vidriera de Conde Corbal que se encuentra en la iglesia de Muxía, en la que se representa una danza tradicional sobre la Pedra de Abalar, la supuesta barca donde llegó la Virgen en su navegación atlántica.

"Cada oito de Setembre - que é o día da festa -, mozas e mozos trenzan os puntos da muiñeira riba da pedra, e di a lenda que cando se abanea a pedra ao bailar, é que os beilantes háchanse en graza; mais se a pedra non se move, é que os beiladores alcóntranse en pecado" (Moure Mariño).

Entre los tagalos de Luzón grandes lastras portátiles (anungtungan), son utilizadas en ceremoniales chamánicos como instrumentos de percusión y plataformas donde el chamán ejecuta su danza. El sonido se consigue golpeando la piedra con palos de bambú. No obstante, las piedras bailadoras, como la de Muxía, o la del Tamburo de Aggius en Cerdeña, emiten al ser bailadas un potente sonido rítmico característico. En Galicia el topónimo Tambor también vendría motivado por la existencia de una pedra de abalar: O Coio do Tambor (Riós), O Penedo do Tambor (A Gudiña), O Picoto do Tambor (A Mezquita), O Tambor (Lousame). Vicente Feijoo Ares, sin embargo, clasifica en grupos distintos las pedras de abalar y las que emiten sonidos en su estudio "Las motivaciones de los nombres de las piedras en Galicia. Cultos, ritos y leyendas".


La Voce del Tamburo from Vittoria Soddu on Vimeo.

Decía el rey Alfonso el Sabio que los que hacían equilibrios sobre cuerdas tirantes o en piedras móviles recibían propiamente el nombre de juglares ("en cordas tirans o en peiras sautans son joculatores").

Equilibrista sobre la piedra móvil de Tandil, Argentina.

Francesco Benozzo ("Sciamani europei e trovatori occitani") ha estudiado la pervivencia del chamanismo paleolítico en la figura del poeta-trovador, y Kirby (1) sostenía que las artes escénicas, la pantomima, también se originaron a partir de las representaciones o danzas chamánicas. El texto del Rey Sabio confirma de nuevo la estrecha relación entre juglaría y chamanismo, pues el dominio del equilibrio físico se considera un signo distintivo del chamán, prueba de que es capaz de mantener el equilibrio del ecosistema y mantenerse en la cuerda floja entre los dos mundos (Myerhoff, "Shamanic Equilibrium: Balance an Mediation in Know and Unknow Worlds").

(1) "Shamanistic Origins of Popular Entertainments", The Drama Review, 1974, vol. 18, nº 1, pg. 5-15

jueves, 6 de julio de 2017

Porta de Aires

Hay quien piensa que el microtopónimo Porta de Aires, que nombraba una de las antiguas puertas de la muralla que rodeaba la Cidade Vella de A Coruña, proviene de la familia de los Ares Pardo das Mariñas. Así pues, según esta posibilidad, el nombre habría sido *Porta de Ares, deturpado por la confusión entre el apellido gallego Ares, el sustantivo gallego ar, "viento", y su versión castellana aire.

 Placas identificativas de la calle y situación de la antigua Porta de Aires.

Sin embargo, Aires o Aire como microtopónimo se conserva también en Ourense ciudad como nombre de otra puerta de acceso a su recinto amurallado, Porta de Aire, que forma parte del recorrido literario de A Esmorga, y en Alcalá la Real existió otra Puerta del Aire en sus defensas. Asimismo, en Portugal existe el pueblo de Castro Daire, documentado antiguamente como "Dario" o "de Ario", que podría tener el mismo origen.

A la vista de la Porta de Aires coruñesa se levanta la Colegiata de Santa María del Campo, cuya denominación sustenta una de las hipótesis que propondré, su origen etimológico en el latín ager, agris, "campo", siendo por lo tanto ambos topónimos equivalentes entre sí, un caso más del fenómeno de redundancia que suele darse en toponimia por el desvanecimiento y olvido paulatino del significado de términos que van cayendo en desuso, mientras surgen a su lado otros que significan exactamente lo mismo.

Porta de Aires significaba literalmente en latín vulgar, "puerta del campo", con ese Aires procedente del genitivo singular latino agris, "del campo" y la intrusión, asimismo redundante, de la preposición "de", innecesaria en latín clásico pues la palabra en caso genitivo (agris) implicaba la idea de posesión, pertenencia o relación sin que fuese pertinente añadirle nada más (Porta Agris). Nada más lógico que extramuros de los cascos históricos de A Coruña y Ourense existiesen campos que motivaron el nombre de ambos accesos.

Otra posibilidad románica mucho más interesante en mi opinión sería el latín agger, "iter publicum, via militaris" (Du Cange), término cuyo significado se encuentra muy vinculado a las estructuras amuralladas de los asentamientos romanos, en particular a sus puertas, por las que se accedía a las principales vías de comunicación con el exterior; Porta Aggeris sería equivalente al moderno Porta do Camiño (Santigo de Compostela), siendo una frase que aparece con relativa frecuencia en la documentación medieval latina en referencia a las estructuras defensivas de las viejas ciudades: "Porta Aggeris" (año 1367, Termonde, Bélgica). Agger, aggeris tiene otra acepción, "terraplén defensivo que completa la proteccion de la ciudad", y con este sentido daba nombre a la Porta inter Aggeres de Roma.

Bajada a María Pita por la Avenida de Porta de Aires. (C) Dolores González de la Peña

sábado, 1 de julio de 2017

Los nombres de Europa, de Alberto Porlán

Ahora que parece ir in crescendo el interés por el estudio de las paleolenguas paleolíticas, recupero para mi blog una crítica sobre el libro Los nombres de Europa de Alberto Porlan (Alianza-Fundación Juanelo Turriano, 1998), que había publicado en la web Celtiberia.net con el pseudónimo druídico de Onnega en 2006, siendo en realidad parte de una conversación con su autor. Y la recupero porque considero que contiene alguna propuesta metodológica interesante en el campo de los estudios hidronímicos.

En la obra de Porlan se llama la atención sobre aspectos que ya han sido descritos y no resultan novedosos; hace tiempo que Krahe estudió los nombres de los ríos de Europa, notando la repetición de los mismos; y Pidal (1), siguiendo a d’Arbois de Jubainville y a otros autores, recurría al sustrato ligur / ambrón para explicar esa uniformidad de la toponimia europea (Ambrona en España, Ambruna en Italia, Lambronne en Francia). En este sentido Los nombres de Europa no resulta novedoso. Hoy se utiliza el término paleoeuroeo para referirse a esa unidad lingüística que ha dejado su huella en la toponimia de toda Europa. Por poner un ejemplo: el río Umea o Umeälven de los saami (lapones), el río Umia gallego y el Urumea (Ur-umea) vasco portan la misma denominación, y por algo será, eso es lo que se trata de investigar desde hace mucho tiempo. Ya comienza a ser pertinente hablar de colonización lingüística de Europa en consonancia con la colonización genética desde el sur al norte: desde los refugios glaciares meridionales hacia la Europa continental que había permanecido deshabitada durante la última glaciación (artículos del Grupo Continuitas). Estas poblaciones llevan consigo sus sistemas onomásticos que sobreviven en la toponimia. Y es altamente significativa, y explicable en términos de gradientes genéticos, la aparición de idéntica toponimia en las áreas extremas ibérica y lapona (Francisco Villar, conferencia “Toponimia prerromana na Península”, Pontevedra, 21 de octubre de 2006). Es evidente que estamos todavía ante una sociedad de cazadores-recolectores y el sistema que nombra el paisaje y lo articula tendrá forzosamente una base:


1) Descriptiva de la orografía

2) Funcional: campamentos de verano, de invierno, vados, itinerarios, cazaderos, secaderos, etc.

3) Y ligada a la unidad de referencia que es la cuenca fluvial.

Resulta de lo más interesante el capítulo 6 de Binford, En busca del pasado, “Cazadores en un territorio”, Crítica, Barcelona, 1998 (3ª ed.), pg. 117-53.


 Radio de acción de un grupo Nunamiut a lo largo del curso del río. © Binford


También la bibliografía y el repaso de Ballester (2) a los territorios de las bandas de cazadores podría orientarnos en este aspecto: “son, por antonomasia, territorios fluviales”, en sus viajes “todas las rutas y destinos habían de seguirse por lugares con agua”.

Cualquiera que trabaje en toponimia sabe que hay sistemas de ordenación subyacentes, así que no se comprende la aseveración de Porlan: “si partimos de la idea general e indiscutida hasta ahora de que el origen de los topónimos es absolutamente aleatorio e imprevisible…” (pg. 32), ignoro de dónde ha sacado esta idea, que además es falsa. La toponimia es uno de los sistemas más previsibles, pues responde a varias motivaciones conocidas, siendo normalmente reflejo de la orografía, se adecúa al paisaje actual o al paleopaisaje nombrándolo.

La segunda novedad de Porlan es que nota que hay topónimos atingentes o concordantes (utilizando su terminología). Lo esperable, lo normal, es que haya toponimia atingente. Por poner un ejemplo sencillo, serán con frecuencia atingentes, aparecerán simultáneamente y muy cerca unos de otros, los siguientes topónimos y sus variantes y derivados: Lombo, Costa, Espiña, Alpe (>Oubiña), todos relacionados con la oronimia.




Como trabajo pionero en la investigación de la toponimia y su adecuación al paleopaisaje (un paisaje que ya no existe pero existió) es sorprendente Ancient Lakes in the Former Finno-Ugrian Territories of Central Russian: An Experimental Palaeogeographical Study, de Arja Ahlqvist, Slavica Helsingiensia 27, Helsinki 2006. En este estudio no sólo no se renuncia a identificar el significado de raíces que integran compuestos (se identifican ciertas raíces que significan “lago”), mediante ellas se localizan posibles ubicaciones para lagos fósiles cuya existencia acaba demostrándose con el auxilio de disciplinas científicas adecuadas (geología, topología). Técnicas de laboratorio específicas (C14) acaban datando la edad de los vestigios orgánicos y en consecuencia la edad de la lengua que nombró el lugar. Yo había intentado algo similar con el topónimo Almufeira (Ferrol) haciendo ver que si su significado era “laguna” (raíz hidronímica *alm) tendría mucho más sentido su existencia en el correspondiente paleopaisaje de hace 5000 años.

Finalmente, no veo motivos para renunciar a encontrar el significado de las raíces de la toponimia, por algo expertos lingüistas llevan trabajando en este campo mucho tiempo habiendo conseguido logros que pueden ser muy útiles, sin ir más lejos el trabajo de identificación de paleolagos de Ahlqvist se basa en un estudio filológico previo. Tampoco veo razón para no intentar explicar esas “extrañas” e “inquietantes” atingencias, ni son extrañas ni me inquietan lo más mínimo, a algo se deberán, y habrá que explicarlo.

También será necesario ajustar la escala de los estudios y moverse en un tipo de territorio como el que describe Binford para las bandas de cazadores-recolectores. Por ejemplo, una de las relaciones de atingencia que indica Porlan, la pareja Serantes-Betanzos (A Coruña), que vuelve a aparecer según el autor en Serantes-Berango (Vizcaya), no puede ser relevante; no puede haber atingencia de ningún tipo entre dos puntos pertenecientes a dos cuencas fluviales distintas separadas por una tercera y a más de 50 km de distancia en el caso gallego.

(1) “Sobre el substrato mediterráneo occidental”, 1939. Reeditado en Toponimia prerrománica hispana, Gredos, Madrid, 1952