miércoles, 21 de febrero de 2018

Mazanteo (Cariño), Mozandeo (Trabada), Montesandeu (Cuntis)

Aún sin estar totalmente de acuerdo con la propuesta del profesor Edelmiro Bascuas ("La sandez, ¿una pervivencia de cultos dionisíacos?", Verba, 2005, v. 32), no me cabe duda de que los dos primeros topónimos, a la vista del último y de la documentación medieval aportada por el profesor, son compuestos de un primer elemento monte, apocopado y con evolución diversa en su vocalismo, además de presentar pérdida de la nasal final de mon, probablemente para evitar la proliferación de nasales que dificultaría la pronunciación de formas como Monzandeo o Manzanteo.

No me convence, sin embargo, la propuesta del ilustre padre de la hidronimia paleoeuropea gallega respecto a la segunda parte del topónimo, que explicaba como proveniente de *insani-deus > sandeu ("sandio" en castellano), como si el monte hubiese sido considerado un dios insano, o loco. Seguramente las montañas tuvieron carácter divino en la Antigüedad (cfr. el caso del monte Teleno, y la etimología que propondremos a continuación para estos tres topónimos), pero me resisto a que algunas hayan tenido la consideración de divinidades insanas.

Mozandeo y Montesandeu ya fueron puestos en relación por Bascuas. Ahora añadimos a esta pareja el curioso topónimo de Cariño, Mazanteo, que también lo he visto escrito como Masanteo e incluso Basanteo.


El monte Mazanteo forma una península en cuyo itsmo se sitúa el lugar de A Basanta, que podría ser en realidad una Abasanta, compuesto de aba, "ladera o falda de una montaña" + el adjetivo santa.  Y en relación con este adjetivo creo que se explicaría el del monte, forma deturpada de sanctio, variante de sancto, término que, por otra parte, podría servir para explicar la etimología de sandeu (sandio, tonto), porque la sabiduría popular suele relacionar la exagerada bondad con la sandez.

Representación de un fili con arpa en la Irlanda altomedieval

Flanqueando la cruz altomedieval de Carndonagh (s. VII, Donegal), también conocida como cruz de San Patricio, hay dos pequeñas estelas reutilizadas que representan en sus cuatro caras las razas y castas sociales de la Irlanda precristiana. Se entiende que en su afán proselitista el cristianismo las reaprovechó para tutelar la gran cruz central, indicando que todos los pueblos y categorías sociales estaban de su lado, no sometidos, sino como guardianes y protectores naturales.

(C) Andregoto Galíndez, 2017

El  fili sostiene su arpa entre las manos; el rostro de perfil es casi místico, como si estuviera en trance con los ojos cerrados escuchando una lejana melodía.

Se trata de la representación más antigua de la pequeña arpa o lira irlandesa, una cruit, que, en contra de lo que se viene afirmando, no se tocaba con un plectro, sino con los dedos.

martes, 20 de febrero de 2018

Noela, hija de Noal hijo de Noé, casada en Noia

"La mayor seguridad de los naturales de Noal consiste en que el fundador, llamado Noal, tuvo una hija llamada Noela, que casada en Noya, dio el nombre a aquella villa, harto antigua aunque [...] parroquia de Noal, que fundó su padre. Además de que a esta tradición tan común acompaña y conviene el siminomo (1) de Noal con el de Noé, de que ha sido inmediato sucesor".

"Descripción de Puerto del Son, comprensivo en la Parroquia de San Vicente de Noal", por José González Alonso, párroco, año de 1799. Diccionario Geográfico de Tomás López, La Coruña y Lugo, MSS/7297 de la Biblioteca Nacional, fol. 197.

Esta leyenda etiológica sobre los topónimos Noal y Noia completa lo que habíamos visto en el blog en la entrada Fraga de Novio, Noal - Porto do Son, y no sólo porque parece que hemos encontrado al novio susodicho en Noia... Bromas aparte, la reseña del párroco de Noal, de 1799, nos remite a la gran antigüedad de la tradición que vincula el topónimo de Noia a una fundación de Noé, pero aportando el interesante dato, creo que desconocido hasta ahora, de que Noal habría sido el primer establecimiento de la familia del patriarca bíblico. Todo lo cual no deja de ser una suposición erudita de la época que acabó calando en el pueblo. Y sin embargo, resulta cuando menos curioso que el Novium ptolemaico haya podido caer por estos lares, y que la Noela mencionada por Plinio, también seguramente estaba por aquí.

Por lo demás, la descripción de Noal aportada por el párroco José González resulta muy interesante: basa la gran antigüedad de la villa en las justicias (horcas) de Con, que todavía se veían en el lugar donde los vecinos acudían a celebrar sus fiestas. Puede leerse completa en el primer enlace.

(1) parece variante arcaica del actual "sinónimo".

domingo, 18 de febrero de 2018

Razas de enanos en Irlanda y Escocia

Ya había escrito hace unos años (Pictas mouras) que los pictos escoceses y los cruithne irlandeses eran razas míticas de enanos que poblaron esas tierras. Como nuestros mouros, son seres feéricos que habitaban un mundo paralelo y subterráneo llamado sídhe

Con casi total seguridad no existieron, ni siquiera como recuerdo folklórico empequeñecido de pueblos ancestrales reales. Como tampoco existieron en nuestro caso los mouros como tales, ni creo que sean recuerdo agigantado, por el tiempo y la imaginación, de nuestros verdaderos antergos. Todo ello corresponde al campo del folklore sobre razas míticas imaginarias.

Ahora descubro que los mismos razonamientos filológicos y arqueológicos que usaba yo para establecer la identidad entre los pictos, los cruithne y los enanos, fueron utilizados y desarrollados ampliamente por William Cook MacKenzie en The Races of Ireland and Scotland en 1916, aunque este autor acabe dudando sobre si los diminutos seres habitantes del sídhe son reminiscencia mítica o vestigio real de los antiguos pobladores de las islas. Tan arraigadas están estas tradiciones allí que el galés Arthur Machen crea el género de terror sobre la Gente Pequeña, enanos deformes y razas primitivas degeneradas que sobreviven ocultas en cuevas y subterráneos, basado en este folklore.

Decía MacKenzie que la palabra picti que nos ha llegado por el latín es una corrupción (i.e. una pronunciación a la latina) de una palabra previa, el celta peght, "enano". Al latinizarse su fonética se reinterpreta por el significado corriente de latín pictus, "pintado". Pero por toda Escocia prevalece la tradición de que el pueblo llamado picto por los paisanos eran enanos o pigmeos con una marcada predileccion por las viviendas subterráneas. Asimismo, resulta impecable su análisis filológico sobre los cruithne irlandeses, que explica la equivalencia entre unos y otros: la palabra irlandesa, como la escocesa, designa a seres deformes de pequeño tamaño.

Me he permitido traducir para los lectores del blog una pequeña historia feérica irlandesa en la que se pone de manifiesto que los cruithne irlandeses eran efectivamente seres feéricos habitantes del sídhe: Santa Brígida, Conall O'Neill y el combate contra los enanos.

El desconocimiento total y absoluto sobre el carácter mítico e irreal de estas razas, la ignorancia acerca de la etimología de los términos picto y cruithne (y su significado de "enano, jorobado"), la credulidad, el hecho de no saber o no poder distinguir muchas veces entre Historia y Folklore, o la costumbre de pervertir estas disciplinas con finalidades políticas, han producido asombrosas declaraciones de principios, como que la genealogía del linaje de los reyes de Escocia entronque directamente con los enanos (pictos), o que los unionistas de Irlanda del Norte se declaren descendientes de los jorobados (cruithne), para luego afirmar que como sus antepasados cruithne poblaron Irlanda antes que los gaélicos tienen más derecho a estar allí que ellos (Ian Adamson). Sería igual que si ahora apareciesen los supuestos descendientes del mouro Zas de Xurenzás esgrimiendo sus derechos territoriales por el parentesco con los primeros habitantes de Galicia. Según la leyenda etiológica del nombre de lugar de Xurenzás, antes de llamarse así hubo una lucha entre dos mouros, el mouro Zas resultó vencedor e hizo jurar al vencido en su nombre: "Xuro en Zas que fun vencido!", y de ahí le quedó Xurenzás.

El enigmático pueblo picto desapareció como borrado del mapa; normal, porque nunca existió. Todavía algún filólogo despistado busca restos de su misterioso idioma en la toponimia escocesa, lo que viene a ser como hacer una gramática y un diccionario del klingon, o del sindarin. ¿En qué idioma hablaban los mouros? Hay quien los hace hablar en castellano, porque no eran gallegos. Ellos también desaparecieron sin dejar rastro...

Terminaré con un toque de terror a lo Arthur Machen combinado con Lovecraft: si no existieron los pictos como seres humanos reales, ¿para defenderse de qué razas primigenias innombrables levantaron los supersticiosos romanos la ciclópea muralla de Adriano?

Una de las estelas que flanquean la cruz de Carndonagh (Donegal). Representa un Leprechaun: ser mitológico irlandés habitante del inframundo, caracterizado por su pequeño tamaño y orejas puntiagudas.
(C) Dolores Gonzalez de la Peña

Santa Brígida, Conall O'Neill y el combate contra los enanos

"En otro tiempo se acercó a Santa Brígida Conall, hijo de Neill el de las Nueve Huestes, rodeado de sus guerreros y con intenciones malévolas en su mente, y le dijo a Brígida: pedimos tu bendición porque queremos ir a lejanas tierras, para que desates el vínculo que nos mantiene aquí y así podamos matar a nuestros enemigos. Y dijo Brígida: ruego a mi dios omnipotente para que depongáis vuestras intenciones diabólicas, y que a nadie hiráis ni ofendáis.

Salieron entonces para las tierras de los enanos [Cruthiniorum] y atacaron su castillo y lo incendiaron; creyeron que habían matado y degollado a muchos hombres, por lo que regresaron a su patria con gran estruendo y júbilo llevando las cabezas cortadas de sus enemigos. Pero cuando lució el día, no vieron las cabezas ni la sangre, ni en sus ropajes ni en sus armas apareció resto alguno sanguinolento. Exclamaron con estupor: ¿Pero quién luchó con nosotros y dónde están las cabezas que cercenamos?

Entonces enviaron emisarios al castillo para investigar y preguntar si alguno había muerto. Los emisarios interrogaron a los habitantes: ¿Por casualidad alguno de los vuestros murió hace poco? Y les contestaron: no, pero encontramos maderas quemadas, el castillo destruido y piedras amontonadas por todas partes, aunque no vimos ni oímos a los que hicieron esto.

Los emisarios regresaron y le contaron todo esto a Conall" (1).

Fortaleza de Aileach (Donegal), residencia de Conall hijo de Niall.
(C) Dolores González de la Peña, 2017

El relato precedente es singular por varios motivos.

Vemos el verdadero carácter de Brígida, hechicera y protectora del pueblo de los enanos. Éstos habitan en el sídhe, el Más Allá, que en este caso es un castillo o castro ruinoso, pero podía haber sido un túmulo funerario o algún otro vestigio arqueológico habitacional. El sídhe se presenta como un mundo paralelo y mágico donde las acciones de los seres reales no tienen apenas repercusión, ni los seres del sídhe pueden ver u oír lo que sucede al otro lado, a no ser que se den determinadas circunstancias, por lo que ambos mundos están, normalmente, incomunicados bidireccionalmente.

(1) Traducción personal del latín, de la leyenda original contenida en el Acta Sanctorum, tomo I, pg. 127, ed. 1658.



viernes, 16 de febrero de 2018

Donde nació San Patricio

Cartel señalando la distancia a Burnfoot desde el cementerio de Fahan, condado de Donegal.
(C) Dolores González de la Peña, 2017.

Dijimos que hablaríamos del topónimo Burnfoot, "pie quemado", transliteración con transformación a la inglesa del bellísimo nombre gaélico Bun na hAbhann. Según P.W. Joyce bun significa "fondo, parte baja, fin", y tratándose de un río, "desembocadura, confluencia". Por otra parte, ese abhann se corresponde clarísimamente con el hidrónimo celta abhan / afon / avon, "río". Bun na hAbhann es "la confluencia del río", y se pronuncia en transcripción latina Banaven, nombre que para más señas fue el que recibía el lugar de nacimiento de San Patricio. Concretamente el topónimo nos ha llegado latinizado como Banaven Tabernae o Bonaven Tabernae, con otra inevitable reinterpretación del segundo elemento, derivado del gaélico tobar, "pozo", o de tabhairn, "mar", como si de una cantina se tratase.

Así, San Patricio nació en Bun na hAbhann Toberaheena, que podemos traducir como "el lugar llamado Pozo del Viernes en la Confluencia del Abhan". En Irlanda existe la tradición de denominar algunos manantiales con los nombres de los días de la semana; lo explica P.W. Joyce en Irish Names of Places, por lo que no me extenderé sobre esto.

Si la Taberna del topónimo latinizado está por tabhairn, "mar", el lugar de nacimiento de San Patricio habría sido junto a la desembocadura del Abhan en la costa. Muy impreciso pero, precisamente por ello, poético. Tal vez en sus Confesiones el Apóstol de Irlanda no pretendía aclararnos su origen, sino presentarse humildemente como procedente de un lugar indeterminado y liminal donde se juntan las aguas de cualquier río en el mar, consiguiendo con este circunloquio utópico un efecto misterioso.

Si pensamos que Banaven Tabernae se refiere a un lugar concreto, el problema para localizarlo es que hay varios Burnfoot, tanto en Escocia como en el norte de Irlanda, así como algún Bunowen, que sería el mismo topónimo gaélico. Yo me inclino a creer que este Bun na hAbhann de Donegal fue el lugar de nacimiento del patrón de Irlanda, ya que precisamente de Burnfoot a Buncrana fue la ruta que siguió cuando se dirigió a predicar a Inishowen (San Patrick Collection); quiero imaginar que volvió por allí para ver su casa natal, donde fue secuestrado siendo adolescente por unos piratas.

El punto de partida de este viaje fue la fortaleza de Aileach (Grianán Ailigh), desde donde contempló la ría de Swilly (Lough Swilly) y trazó su ruta hacia el confín norte de la isla.

Vista del paisaje marino desde la fortaleza de Aileach (Donegal).
(C) Dolores González de la Peña, 2017.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Batallas míticas en el folklore de los mouros

La batalla de Covadonga contra las huestes de los mouros se desencadenó, según la leyenda, por causa de una mujer. La hermana de Pelayo, la cristiana Adosinda o Ermesinda, cautivó al mouro Munuza hasta tal punto, que éste quiso desposarla contra la opinión de Pelayo, lo que acabó originando la escaramuza en Covadonga.

Esta nota romántica también aparece en la mítica batalla contra los mouros que tuvo lugar en el castro de Santa Cristiña de O Incio (Lugo): "alí moróu tamén Santa Cristiña, filla dun mouro importante, que a furto dos pais convertírase ao cristianismo. Namoróuse a rapaza dun branco cristiano, e por causa dista traición houbo grande loita antre os dous bandos. Tantos foron os mortos que as augas do río Mao, que corren alí preto, tinguíronse de vermello hastra Belesar" (Celso de Baión, Os nomes da Terra). La tradición gallega comparte con la asturiana también el topos del río lleno de sangre del combate; en el caso asturiano, de los cadáveres de los vencidos, que son sepultados en el río Deva por un desprendimiento .

Otra lucha mítica sucedió en Ardemil (Ordes, A Coruña), donde podríamos afirmar que comenzó también una fracción de la Reconquista: "viña unha tropa de mouros facendo todo o mal que podía pola terra adiante. Os galegos porparáronse a recibilos como merecían. Ben armados e fortecidos pola carraxe, caíron sobor dos mouros e vencéronos. Somentes mil alarbios conseguiron facerse fortes nunha aldea, cuio nome ninguén acorda. Os galegos cercaron o sitio, de onde xa os cristiáns tiñan fuxido, e prendéronlle lume. Ardeú a aldea, cos mil mouros. E logo que todo pasóu, tornaron as xentes a viviren no lugar, que xa non se chamóu coma denantes, senón Ardemil, poisque alí arderon os mil mouros da historia. ¡Coitados!" (Celso de Baión, Os nomes da Terra). Claro que en Ardemil sólo murieron 1000, y en Covadonga 20.000; se lleva la palma en número.

Además, los gallegos fuimos derrotados, lamentablemente, por los mouros en el aciago día de la batalla de Cristimil (Lalín): "as loitas cos mouros foron millenta, e non sempre as gañamos nós, pois eles tamén eran fortes e bravos. Nas terras que agora se chaman de Cristimil houbo unha grande batalla. Venceron os alarbios e alí morreron máis de mil cristiáns, conque lle quedóu ao sitio o nome de Cristimil" (Vicente Risco, Etnografía, pg. 320).

Los paganos ni siquiera respetaron a San Xulián (Tui): "outra lenda di que San Xulián retiróuse a vivir no cumio do monte, onde hai aínda unha covachiña nun penedo que chaman 'a cama do santo'. Alí se lle axuntaron moitos cristiáns e fundóuse unha poboación. Un día chegaron os mouros, atacaron aos indefensos moradores e mataron moitos, entre eles ao mártir San Xulián e vintasete compañeiros eremitas. No outo do monte hai un chao que chaman Campo da Matanza, e di a lenda que si Noso Señor tomase unha presa daquela terra e a apertase na súa man, deitaría sangue, de tanta que ali se derramóu"  (Celso de Baión, Os nomes da Terra). La ambientación de la escena bélica en la cueva del eremita, es prácticamente idéntica a la de la batalla de Covadonga, que también transcurre en una cueva eremítica en la que no se sabe cómo cabrían los 20.000 mouros. Es lo que tiene el folklore, que usa y abusa de la licencia poética. Cerca de Covadonga encontramos asimismo la tendencia a explicar la toponimia local en relación con estos acontecimientos del pasado mítico: la Riega de la Gusana lleva su nombre, según tradición, de los muchos gusanos generados por los cadáveres de los mouros (Escandón y Lué: Historia Monumental del heroico Rey Pelayo). Y de nuevo volvemos a encontrarnos con la exageración que tiñe de sangre y cadáveres el entorno: la tierra empapada en sangre estrujada por la mano de Dios.

Sin intención de ser exhaustiva (1), hay indicios suficientes para afirmar que la batalla de Covandoga no fue un simple invento copiado de la Biblia, como afirma el profesor José Luis Corral, sino parte del folklore de los mouros, del que se desgajó para fundar sobre él el origen del reino de Asturias, y de España. 

Algo similar sucedió en Irlanda; en El libro de las invasiones se relatan míticas batallas entre las razas que poblaron la isla hasta el exterminio sucesivo de todas ellas salvo la última. Una de ellas, los fomorios, equivalentes a nuestros mouros (en galés el parecido es más evidente: mawr, "gigante"), se caracterizaba por tener un solo ojo, como el mouro de la increible leyenda de "O rapaz e o xigante", recogida por Lois Carré Alvarellos en San Xian de Sergude, Carral, que narra la treta del rapaz para escapar de la cueva del gigante disfrazado con un pellejo de oveja, y metido entre el resto del rebaño que salía a pastar. Se trata de la misma estratagema que usa Odiseo para huir del cíclope Polifemo, lo que demuestra que el folklore de los mouros, y concretamente el arcaico topos de la existencia de razas ancestrales de gigantes y titanes que lucharon entre sí, ya integraba un corpus mitológico ininteligible y reutilizable hace 2.800 años.


Eira dos Mouros (Castro das Travesas, Carral), por cortesía de Eixil Cedeira, 2017.

(1) Más datos sobre las luchas entre sí de estas razas ancestrales, en la obra de Víctor Vaqueiro: Mitoloxía de Galiza.